SERIE ESCRITORAS | Rosalía de Castro: A voz da Terra Nai
Hay nombres que no se pronuncian, se sienten.
Y para quienes nacimos en Galicia, el de Rosalía de Castro no es solo el de una escritora: es el de una raíz.
Rosalía fue la gran voz de O Rexurdimento, el movimiento cultural que devolvió dignidad y presencia a la lengua gallega después de los llamados Séculos Escuros, siglos en los que nuestro idioma fue relegado, silenciado y excluido de los espacios oficiales, literarios y académicos.
No fue solo una recuperación lingüística. Fue un acto de resistencia. Un gesto de identidad. Un volver a nombrarnos.
Con «Cantares Gallegos», Rosalía devolvió la palabra a un pueblo que había sido despojado de ella. Dio forma poética a la emigración, a la saudade, a la pobreza y al desarraigo. Y lo hizo en Gallego. No por folclore. No por nostalgia. Sino por convicción.
Para muchos gallegos y gallegas, Galicia no es solo un territorio: es una madre.
“Galiza, miña terra nai”.
Y Rosalía se convirtió en su voz, en su conciencia y en su abrazo.
«Si cantan, es ti que cantas; / si choran, es ti que choras; / i es o marmurio do río, / i es a noite, i es a aurora». «En las orillas del Sar», 1.884. Rosalía de Castro.
El lugar central que ocupa la mujer gallega en su obra convierte a Rosalía en un referente temprano del feminismo en España. No desde el panfleto ni desde la consigna explícita, sino desde una mirada profundamente humana hacia la realidad de las mujeres de su tiempo: mujeres que esperaban, que sostenían, que sufrían la pobreza y la soledad mientras los hombres emigraban o el sistema las invisibilizaba.
Rosalía escribió sobre ellas. Les dio presencia. Les dio dignidad.
Su obra no separa tierra y mujer. Ambas aparecen atravesadas por la injusticia, pero también por la resistencia silenciosa. Y ahí reside su potencia política: en hacer visible lo que se había normalizado como inevitable.
Pintar a Rosalía no ha sido solo retratar a una autora.
Ha sido dialogar con la memoria, con la lengua y con esa sensación tan nuestra de pertenecer a una tierra que se siente como madre.
Incluso hoy, nuestra lengua continúa pagando las consecuencias de aquellos siglos oscuros. El Gallego sobrevive gracias al compromiso de quienes lo aman, lo hablan y lo defienden cada día. Y en ese gesto cotidiano de sostenerlo, la figura de Rosalía sigue siendo faro.
Rosalía no escribió para agradar.
Escribió para nombrar lo que dolía.
Y al hacerlo, convirtió la palabra en identidad.



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